¿Hasta dónde llega el nuevo corredor metropolitano?


¿Cuál es la fuerza que mueve a una ciudad? ¿Que hace que sus ciudadanos se sientan identificados y orgullosos de ella? Con estas dos preguntas quiero hablar de la crisis de identidad que Quito atraviesa desde hace algunos años.


El español Toni Puig -célebre por su labor en el rediseño de Barcelona- menciona un camino para superar estas crisis que pueden presentarse en las ciudades: generar una marca ciudad mediante el rediseño de esta. Puig menciona que el rediseño es el norte que le devuelve la esperanza y el orgullo a la ciudad y la marca como la seña de identidad que está presente siempre en la acción pública y privada de la ciudad.


El Quito de hoy no tiene una marca, tiene un pasado al que se aferra porque no tiene un futuro proyectado. En Quito nuestras tradiciones, leyendas e historia hoy nos tienen en un estado de nostalgia que nos hace ignorar que la ciudad lleva años a la deriva, sin un rumbo al que avanzar, sobreviviendo.


Pese a todo, tal vez haya una esperanza. Hace un par de meses, se presentó el proyecto del Corredor Metropolitano de Quito. Este plan es un proyecto de regeneración urbana a lo largo del “eje longitudinal” de la ciudad (la Panamericana sur, las avenidas Maldonado, Guayaquil, 10 de agosto y Galo Plaza y la Panamericana norte) y en el trazado de la línea del Metro. Mediante un concurso la alcaldía espera encontrar el diseño ideal para este corredor.


El concurso recogió propuestas diseñadas por equipos mixtos de personas de distintas profesiones, gremios y organizaciones de la sociedad civil. Se dieron etapas de exposición de las propuestas para que, en teoría, sean retroalimentadas por la ciudadanía. Hoy el concurso se desarrolla entre 3 finalistas y el ganador se elegirá en los primeros meses de 2020. Iniciativas como esta son importantes en una ciudad atrasada respecto a los cambios que el siglo XXI presenta. Sin embargo, no todo es tan bueno como parece y me surgen dudas al respecto.


El concurso está planteado como una gran rehabilitación de infraestructura, dejando de lado algunas problemáticas de la ciudad. Era más útil tener un diálogo previo sobre definiciones de la ciudad: su condición de capital y su diversidad sociocultural, discutir su modelo económico, su sistema educativo, los servicios de salud y culturales y el patrimonio; para tener insumos que permitan darle al corredor un elemento de identidad que sea reforzado por la intervención física.


Por otro lado, este corredor cruza un gran número de barrios; sin participación ciudadana directa todo proyecto termina siendo imposición y así no se puede generar sentimientos de pertenencia y empoderamiento entre los vecinos del corredor. Aunque las bases del concurso tienen un componente de participación ciudadana, esta se ve reflejada más bien en exposiciones, discusiones y encuestas. Para tener un corredor metropolitano ciudadano que cale en los corazones de la gente, démosle a los vecinos de los polígonos de intervención la oportunidad de sentarse en la mesa de diseño y que con acompañamiento profesional puedan plasmar sus ideas, que sean ellos quienes diseñen la ciudad ideal para vivir.


Quito necesita una marca, necesita construir una nueva identidad que se inspire en su tradición pero que sea capaz de afrontar los desafíos de nuestros tiempos. Una marca que incluya a todos, que nos motive a trabajar por la ciudad y nos haga sentir orgullo de vivir en ella. El Corredor Metropolitano es una buena oportunidad para darle a Quito esa identidad, rediseñar la ciudad desde la gente y reconstruirla con idea general en la que creer. Esa oportunidad está planteada, espero que con los aportes de todos se saque el mayor provecho de la misma, nunca es tarde para empezar.

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