Quito después del covid: más ciclovías

Actualizado: 1 de jun de 2020



Han sido meses de malas noticias. Vivimos una crisis en todos los sectores, hay angustia e incertidumbre en las personas y, como aliciente, reflexionamos sobre una “nueva normalidad” que nos permita retomar de a poco nuestras actividades comunes. Es el peor de los tiempos. En medio de esa terrible situación, por increíble que parezca, apareció una buena noticia: finalmente Quito tendrá nuevas ciclovías.


Las estrategias para reducir los contagios de COVID fomentan la separación física de las personas. Para esto, varias ciudades del mundo han resuelto aumentar sus ciclovías y, con ellas, el apoyo que se le da al ciclismo urbano. Bogotá, París, Nueva York, Berlín, Sydney, Addis Ababa, Amman y Milán son algunas de las urbes que en cinco continentes han optado por revalorizar la bicicleta como medio de transporte en estos difíciles tiempos. Quito tomó la decisión inteligente de no quedarse atrás. En el último mes, la secretaría de movilidad del municipio presentó un plan de ciclovías emergentes.


Aquí aparece la primera condición importante del plan: no son ciclovías temporales, son emergentes. Es decir, una vez terminada la emergencia nacional, estas ciclovías se mantendrán en la ciudad.


Las ciclovías actuales son insuficientes

Quito necesitaba más ciclovías. Contrario a lo que muchos piensan, no se necesita tener ciclistas para poner ciclovías, en realidad es todo lo contrario. El concepto de demanda inducida, propuesto por el canadiense Todd Litman, explica que cuando ofreces nueva infraestructura, esta atrae a nuevos usuarios. Es decir, una persona que está cansada de viajar incómoda en el bus o harta del tráfico, se anime a subir a una bicicleta para ir a su trabajo necesita garantías de que llegará vivo y seguro, para eso se necesitan nuevas ciclovías.


Muchos se quejan que, pese a existir ciclovías, “nadie las usa”. Esto es falso por dos razones. En primer lugar, existen ciclistas. Sin embargo, por la circulación constante y bajo volumen de usuarios, no son tan perceptibles como los automóviles. En segundo lugar, sí, se hacen menos viajes en bicicleta en relación a aquellos que se hacen en vehículos motorizados pero esto es precisamente por la falta de ciclovías. En Quito hay escasez de ciclovías y, aquellas que existen, tienen grandes errores de diseño y construcción. Ciclovías parciales, cortadas, que no conectan a ningún lugar, sin accesos a barrios, con pavimento en mal estado, sin señalización y sin segregación. En fin, un sinnúmero de deficiencias que no invitan a usar bicicleta. En el siguiente mapa se puede observar que las ciclovías solo cubren un mínimo de la superficie total de la ciudad.

Ahora, andar en bicicleta se presenta como solución de movilidad, es más necesario que nunca tener buenas ciclovías.


Este es el plan

En la administración municipal actual, la Secretaría de Movilidad creó una dirección de modos de transporte no motorizados. Esta dirección presentó el plan de ciclovías emergentes. De acuerdo a su informe técnico, su primera fase consiste en crear 63,85 Km de ciclovías segregadas en toda la ciudad, priorizando en su diseño la conectividad con el transporte público, la prolongación de ejes longitudinales existentes, su implantación en vías principales y la creación de ejes transversales.

Durante el último mes, se inició con la señalización de los primeros 25 kilómetros, que corresponde principalmente a los ejes transversales.


Además del plan de ciclovías, la Secretaría de Movilidad ha reconocido los proyectos complementarios que tiene pendientes para el pleno funcionamiento del proyecto: poder cargar bicicletas en el transporte público; la creación de bici-parqueaderos seguros; pacificación vial; inclusión de estas bici-rutas en Google Maps; el relanzamiento de la bicicleta pública BICI-Q y un plan coherente de comunicación que eduque y comprometa a la ciudadanía sobre el uso de la bicicleta. Sobre todo, la importancia del respeto y convivencia vial. He visto por años a administraciones municipales ilusionar a quienes andamos en bicicleta por la ciudad. Prometen una nueva infraestructura que masifique la bicicleta y facilita los traslados no motorizados. He visto como se hacen ciclovías que luego se quitan por sus errores de diseño, he visto como se pinta un icono en un carril y se lo llama ciclovía. He ido por ciclovías que se cortan y no me queda otra alternativa que arriesgarme a avanzar junto con conductores que no me respetan o ir por la vereda e irrespetar yo a los peatones.


El Municipio ha prometido no cometer esos errores en la ejecución del plan de ciclovías emergentes. No nos queda de otra que confiar nuevamente, pero vigilar que las cosas ahora sí se hagan bien. Otro aspecto positivo es que este plan incluye a los sectores a los que esta ciudad hace años le debe infraestructura de movilidad inclusiva: el sur de la ciudad, el norte del hipercentro y Calderón.

El informe técnico también menciona futuras ampliaciones en Cumbayá, Tumbaco, las parroquias del valle de los Chillos y los límites de la ciudad -San Antonio y Guamaní-. Estas ampliaciones tienen que complementarse mediante intermodalidad con el transporte público. Si no se cubre toda la ciudad todo lo construido antes termina siendo un esfuerzo en vano.


Si algo bueno podemos sacar de esta pandemia es aprovechar la oportunidad que nos está presentando para construir una ciudad más humana, más equitativa y con un sistema de movilidad más sostenible.


Me mantengo optimista de que eventualmente la pandemia terminará, pero en 2, 5 o 10 años la ciudad seguirá aquí. Se ha perdido demasiado tiempo en traer a Quito al siglo XXI. Aunque siento que la implementación de este plan avanza más lento de lo que me gustaría, espero que ahora sí se den los pasos correctos para tener una ciudad mejor, porque estoy seguro que la bicicleta es una parte importante para conseguirlo.


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