Por esto es importante el parque metropolitano



Fue el primer alcalde de Quito, Jacinto Jijón y Caamaño, un apasionado por la arqueología y la historia, quien descubrió que en la loma de Guangüiltagua se encontraban las ruinas de un Pucará, edificación precolombina destinada a la defensa. Parece relevante entonces que en ese lugar se asienta el Parque Metropolitano, creado y consolidado como un símbolo de defensa del bien común y de la resistencia de la ciudad a la voracidad del mercado inmobiliario.


Durante el boom petrolero, el crecimiento urbano del norte de Quito superó todas las expectativas y planes que se habían trazado con anterioridad. Para los años 80, la ciudad había crecido más allá de lo imaginado y superaba el millón de habitantes. Si bien en los planes urbanos siempre se estableció que la hacienda La Carolina se convierta en un área verde de recreación; las haciendas en la loma de Guangüiltagua no se consideraban ni siquiera como parte del trazado urbano y por lo mismo quedaban fuera de la planificación municipal.


El área que hoy ocupa el parque era, antes, una aglomeración de distintos predios con distintos dueños y, por lo mismo, con distintos usos. Las plantaciones de eucalipto marcaron el paisaje actual del parque; no obstante, estas no responden a un criterio ecológico o paisajista, sino para comerciar madera. También estuvo cerca de urbanizarse el sector central del parque, la cooperativa de empleados de IETEL* lotizó y ejecutó obras iniciales, que aún hoy se aprecian.


En la alcaldía de Rodrigo Paz (1988-1992) se dió un importante impulso a la creación y mejoras de las áreas verdes, de esa visión nace la idea de tener un parque metropolitano y áreas de reserva natural. La alcaldía declaró la utilidad pública de los terrenos y empezó un largo y complejo proceso de expropiaciones que culminó después un par de décadas. Este fue un proyecto insignia de la ciudad, un mensaje de que la naturaleza y los espacios públicos para todos eran una prioridad.


Por eso, el parque Metropolitano es un símbolo de defensa de la ciudad. Lo que pudo ser otro cerro devastado para llenarlo de edificaciones, es un parque que recibe a miles de personas cada mes. La historia del parque es la historia de una administración municipal se la jugó por el bien común y encontró respaldo ciudadano. Esto nos deja una lección importante: el crecimiento urbano es muy veloz y el mercado inmobiliario voraz. Por eso, es necesario tener líneas claras de donde se ponen los límites. El parque Metropolitano nos mostró que se puede conservar los bosques en nuestras laderas, que cosas buenas pasan si se piensa en el bien de todos.

Estas lecciones hay que recordarlas en esta época en la que Quito se encuentra nuevamente en momentos de rápido crecimiento y en la que sus cerros y bosques nuevamente se ven amenazados, ya sea por invasiones y barrios informales o por los grandes capitales de las inmobiliarias. Quiero creer que los bosques del Pichincha o que el cerro Ilaló contarán con la misma suerte que el Guangüiltagua al final de los años 80. Quiero creer que Quito volverá a resistir al crecimiento desordenado y a la especulación, quiero que el pucará de Guangüiltagua nos inspire a tener una ciudad para todos.



* Instituto ecuatoriano de telecomunicaciones. El antecedente de CNT.

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