Quito no es Ámsterdam

Actualizado: 15 de jul de 2020

Las críticas más absurdas a las ciclovías, respondidas.


Durante la cuarentena, por la pandemia de COVID-19, la Alcaldía de Quito anunció un plan de ciclovías emergentes para fomentar el uso de


bicicleta como medio de transporte. La construcción de 64 km. de ciclovías avanza demasiado lento, sobre todo, si se toma en cuenta la gran oportunidad que representan las restricciones de movilidad. No obstante, esto es comprensible. Quito es una ciudad resistente al cambio; su obsesión con la tradición se refleja en una sociedad reacia a intentar nuevos modelos y a romper esquemas.

En los últimos 50 o 60 años, Quito se convirtió en una ciudad al servicio de sus automóviles, dejando a los ciudadanos en segundo plano. Es normal que los planes y acciones que cambian los paradigmas de movilidad sean cuestionados por aquellos convencidos de que sus automóviles les otorgan estatus y alcurnia.


De todas formas, ser reacio al cambio no es un pase libre para decir cualquier estupidez. Por esto, decidimos responder a los peores argumentos y las más ridículas excusas en contra de la creación de ciclovías en la ciudad de Quito.


“Quito no es Ámsterdam”


No. Por supuesto que no. Ni lo tiene que ser. Quito, como toda ciudad, debe experimentar para encontrar soluciones para sus conflictos. Estos procesos son únicos y personalizados, comprendiendo a la ciudad en su propia complejidad. Esto no significa que debamos ignorar experiencias exitosas de las cuales se debe aprender.

Este escenario fue el detonante para que la ciudadanía demande más seguridad vial y espacio para las bicicletas. En esa década se sucedieron diversas protestas y, para los 80s, los distintos niveles de gobierno de los Países Bajos asumieron la tarea de darle la vuelta a su modelo de movilidad y transformar sus ciudades en beneficio de las bicis. En conclusión, fue cosa de querer hacerlo. Como menciona Gerrit Faber de la Unión de ciclistas de Ámsterdam: “Lo que tenemos, no es porque está en nuestros genes, es porque lo construimos. Y otras ciudades también pueden hacerlo”. Básicamente, si dices que es imposible tener ciclovías en Quito, porque “no somos Ámsterdam”, quizás tú eres el problema y solo no quieres admitirlo.


“El clima no es apto para ciclear en Quito”


Quito está en la mitad del mundo, en plena zona ecuatorial, en los altos de la cordillera de los Andes, a su este se encuentra la selva amazónica y al oeste en el océano Pacífico se encuentra la confluencia de las corrientes oceánicas de Humbolt (fría) y de El Niño (cálida). Esta suma de factores da como resultado el clima impredecible y cambiante de nuestra ciudad. Tener mañanas de sol radiante, tardes de granizo y noches de bruma en un mismo día es una contradicción a la que estamos acostumbrados.


Volviendo al ejemplo de Ámsterdam, esa ciudad tiene un clima similar al de Quito durante los 3 meses de verano, y su menor velocidad de viento es de 16.5 Km/h. En Quito la mayor velocidad de viento es de 9 Km/h . Aún sin mencionar sus niveles de precipitación, sus nevadas y sus pocas horas de sol durante el invierno, es evidente que Quito tiene un clima mejor que el de esa ciudad europea.


Así que los datos nos demuestran que el clima de Quito es ideal para andar en bicicleta. La lluvia se supera con un impermeable y cuando hay sol, sea que se vaya en bici o no, hay que usar bloqueador solar.


“El tránsito es muy peligroso, nos falta cultura”


Sería necio negar los defectos de nuestra sociedad. Quito no es precisamente una ciudad de convivencia armónica entre sus habitantes, la situación se empeora en el escenario de la movilidad humana. ¿Pueden las ciclovías cambiar esta realidad? No por sí solas, pero son una ayuda importante.


Primero, la razón social-política: crear infraestructura para la bicicleta le da el mismo nivel de importancia que al vehículo motorizado, ese falso estatus de tener vehículo se va derrumbando de a poco. Aunque a veces ese cambio se sienta lento, sucede.

Ahora, hablemos de datos. Un estudio de las universidades de Colorado y Nuevo México, analizó 13 años de estadísticas de accidentes de tránsito en 12 ciudades grandes ciudades, encontró que las ciudades con ciclovías segregadas presentaban una reducción del 44% en decesos en accidentes. La evidencia sugiere entonces que las ciclovías segregadas no solo aumentan la seguridad vial de los ciclistas, sino incluso de quienes viajan en automóvil.


En 2019 los accidentes de tránsito fueron la 5ta causa de muerte en el Distrito Metropolitano de Quito. (Y la primera entre aquellas que no fueron por enfermedad) necesitamos una ciudad más segura para desplazarnos, y las ciclovías son un aporte importante para lograrlo.


“Nadie usa, solo son 4 hippies que nos quieren obligar a andar en bici.”


En los estudios de movilidad hay un fenómeno llamado “demanda inducida”. El urbanista canadiense, Todd Litman, lo explicaba de esta forma: imagina el gas dentro del cilindro, mientras mas espacio tiene, más se extiende para ocupar todo el espacio. En el tránsito funciona igual: más carriles atraen a más usuarios. En ese mismo sentido, más ciclovías atraen más ciclistas.

Es evidente en las calles y en los informes, desde la apertura de BiciQ y la creación de nuevas ciclovías -pese a sus defectos- . En 2012 y 2016 los viajes en bicicleta aumentaron en la ciudad, tomando en cuenta que solo se ampliaron ciclovías en el centro norte de Quito.


Abrir nuevas ciclovías no obliga a nadie a usarlas, sino que invita a aquellos cansados del deficiente transporte público o del tráfico causado por los vehículos. Da a todos un espacio seguro en la ciudad, porque bueno, la ciudad es de todos.


Sí, ahora somos pocos, pero una buena democracia debería poder encontrar el equilibrio entre las demandas de la mayoría y las necesidades de las minorías. Dejémoslo claro: los automovilistas tampoco son la mayoría, pero sí ocupan más espacio, contaminan más y producen más accidentes.


“La geografía de Quito es demasiado accidentada”


Este argumento quedó hacia el final porque es el más complejo de todos. Sí, hay cuestas en esta ciudad que son difíciles. Pero siendo honestos, también es cosa de acostumbrarse, aquí por contarlo de manera más empírica: tengo amigos y conocidos que se mueven en bicicleta pese a vivir en zonas altas como San Juan o El Bosque.


El desarrollo tecnológico es también un aliado, desde mejores sistemas mecánicos que facilitan la subida de pendientes hasta asistencia de motores eléctricos, son alternativas para aquellas cuestas que parecen imposibles.


Sin embargo, lo más importante aquí es señalar que pese a su gran importancia, las ciclovías no son una panacea a los problemas de movilidad. Por su geografía, forma y tamaño, Quito necesita de dos acciones complejas para mejorar la situación: intermodalidad de transporte y descentralización de la ciudad.


Trataremos ambos conceptos con mayor profundidad en un futuro, pero lo importante es que para tener más ciclistas aun con la extraña geografía de la ciudad, se necesita poder combinar medios de transporte y tener más cerca de los barrios y urbanizaciones los servicios y actividades que hacen necesarios los viajes; dicho de manera simple: que Quito no tenga un “centro” sino varios centros.


6,297 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo